ROBERTO MIRANDA & PEDRO REGUERO
     


Música de salón de principios del siglo XIX (1790 – 1850)

Si consideramos la música de cámara como “música de amigos”, la denominada “música de salón” de principios del siglo XIX, contó con muchísimos amigos compositores que la concibieron bajo distintas agrupaciones de reducidas amistades: dúos, tríos, cuartetos y quintetos... Música tan apreciada y valorada en la época, como las grandes producciones sinfónicas y operísticas. Música absolutamente desconocida hoy en día, debido a dos razones fundamentales: una, la falta de formaciones que se dediquen de lleno a la labor musicológica de su búsqueda, estudio y rescate; otra, el tiempo histórico: año 1800, los albores de un nuevo siglo que comienza, el siglo XIX, demasiado “cercano” como para considerarlo como “antiguo” y despertar así el suficiente interés musical por lo que en él ocurrió, y demasiado “lejano” como para determinar nuestro interés hacia él comparado con los diferentes estilos y lenguajes musicales que mueven nuestras sociedades actuales. He aquí la primera dificultad.

Si consideramos que bajo el sustantivo guitarra, se han venido denominando desde el siglo XVI hasta nuestros días, a toda una serie de instrumentos de cualidades sonoras y de construcción bien distintas, no es de extrañar, que cuando se apele a él, exista una creencia generalizada de que la guitarra que hoy conocemos permaneció inmutable en el tiempo desde las primeras guitarras renacentistas a las que hoy estudian numerosos alumnos de guitarra clásica de conservatorios de todo el mundo. Justo en una época en la que recién hemos aprendido a apreciar sonoridades como las de la vihuela, el laúd o la tiorba en la realidad y contexto musical en el que se desenvolvieron, la guitarra de 1800 sigue siendo hoy en día una gran desconocida. Las razones vuelven a ser obvias: demasiado “cercana” como para vestirla con la toga del reconocimiento de la que afortunadamente hoy gozan los instrumentos de cuerda pulsada del Renacimiento y Barroco, y la escandalosa falta de especialistas al respecto. Conviene recalcar aquí, que entre este instrumento y el que popularizó en todo el mundo Andrés Segovia, todavía existió un instrumento intermedio y toda una serie de prototipos, que incluso el estudiante de conservatorio desconoce hoy en día; y que dicha gama de instrumentos, difería en sonoridades e intenciones musicales.

He aquí la segunda dificultad: poder escuchar la sonoridad de tan bello y excelso instrumento; hecho que si se produjera en la más absoluta oscuridad y sin previo aviso, el oyente nunca dibujaría la palabra guitarra en su mente para nombrar el fenómeno tímbrico que lo envuelve y absorbe.

Si consideramos que las posibilidades de escuchar un dúo de guitarra y acordeón hoy en día resultan bien raras y extrañas; la idea misma de juntar en “ensemble” las sonoridades y diferentes idiosincrasias de una guitarra de 1800 y un acordeón bayán, es algo que podemos considerar con toda certeza como un hecho absolutamente novedoso e inédito. He aquí la tercera dificultad: poder escuchar el fluido diálogo entre ambos instrumentos, y el de sus intérpretes a través de ellos.

Esperemos que, vencidas todas ellas, el encanto de estas músicas con­muevan a los oyentes del siglo XXI como lo hicieron con los de la pri­mera mitad del XIX.


ROBERTO MIRANDA

Es uno de los pocos especialistas existentes en el mundo en la Guitarra de 1800 y la música de primera mitad del siglo XIX compuesta para el citado instrumento. Su labor como historiador, musicólogo e intérprete en este campo no tiene igual; convirtiéndose en referente obligado de la decimonónica música de salón.

Así, ha ofrecido numerosos recitales para guitarra a sólo, rescatando autores y obras de toda Europa que todavía hoy resultan grandes desconocidos; si bien su labor durante todos estos últimos años ya se encuentre afortunadamente abocada al ejercicio de una profunda y extensa labor de investigación de la música camerística de la época, en donde la guitarra es parte activa; dirigiendo, formando parte integrante y ofreciendo numerosos recitales en diversas formaciones, bien asociándose en dúo a instrumentos tan importantes de la época como la flauta, el violín, la viola o la voz, bien enrolándose en las más variopintas formaciones de tríos, cuartetos y quintetos que desgranaron su repertorio en salones y casas reales de toda Europa.


PEDRO REGUERO

  Pedro Reguero es el primer y único acordeonista español invitado por el Ministerio de Cultura Ruso a fin de formar parte permanente como jurado internacional de su prestigioso Certamen Festival-Competición de Acordeón de San Petersburgo, así como para desempeñar funciones como profesor integrante de los tribunales de exámenes de este instrumento en el no menos prestigioso Conservatorio Superior de dicha ciudad.

Ha estrenado y han escrito obras para él compositores de reconocido prestigio mundial como el ucraniano A. Blasow o el finlandés N. Avenainen. Así mismo, ha contribuido personalmente a la ampliación del repertorio para este instrumento componiendo numerosas obras.

 


 

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